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Turismo y cocodrilos pueden convivir; su presencia es un atractivo de naturaleza

Escrito por Redacción AZNoticias on . Posted in Puerto Vallarta

Los cocodrilos son, o deberían ser en Puerto Vallarta, parte del turismo de naturaleza que puede generar recorridos de observación, actividades educativas, fotografía y divulgación científica. También puede abrir oportunidades para guías especializados y proyectos de conservación, destacó la Semadet

Por Osvaldo Granados

La presencia de cocodrilos en Puerto Vallarta no tendría por qué representar un obstáculo para el turismo. Por el contrario, especialistas y autoridades ambientales plantearon que, bajo condiciones de seguridad, educación y manejo responsable, estos reptiles pueden convertirse en parte de una oferta turística vinculada con la observación de fauna y la conservación de los ecosistemas.

El planteamiento surgió durante el primer Festival de los Cocodrilos de Puerto Vallarta, realizado este sábado en el Parque Estatal Estero El Salado, donde niños, jóvenes y familias completas se acercaron a un espacio natural que, pese a encontrarse sobre una de las principales avenidas de la ciudad, continúa siendo poco conocido por buena parte de los vallartenses.

El encuentro se desarrolló de 9:00 de la mañana a 1:00 de la tarde y combinó ciencia, educación ambiental y actividades recreativas. La respuesta de las familias llevó a los organizadores a plantear la posibilidad de realizar nuevas ediciones.

EL COCODRILO NO ES EL ENEMIGO DEL TURISMO

José Daniel Graf Pérez, director de Recursos Naturales de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (SEMADET), sostuvo que Puerto Vallarta tiene que dejar de mirar al cocodrilo únicamente desde la perspectiva del riesgo. El funcionario señaló que la coexistencia no implica ignorar los riesgos ni acercar a las personas a los animales, sino aprovechar la presencia de la fauna mediante nuevos segmentos de mercado más allá del sol y playa como la observación de fauna, fotografía de naturaleza y experiencias de educación ambiental. 

TURISMO SÍ, PERO SIN CONVERTIR AL COCODRILO EN ESPECTÁCULO

El planteamiento resulta especialmente relevante para Puerto Vallarta, una ciudad cuya economía depende ampliamente del turismo y que en los últimos meses ha enfrentado una creciente preocupación por la presencia de cocodrilos en playas, ríos, canales y cuerpos de agua.

La discusión, por ello, no debería reducirse a decidir entre proteger a los animales o proteger a los visitantes. El reto está, dijo, en establecer reglas claras.

Un turismo de naturaleza puede generar recorridos de observación, actividades educativas, fotografía y divulgación científica, pero sin alimentar prácticas que acerquen a las personas a los reptiles o conviertan los encuentros con ellos en un espectáculo.

También puede abrir oportunidades para guías especializados, proyectos de conservación y actividades comunitarias vinculadas con los humedales y manglares.

EL ESTERO EL SALADO MOSTRÓ LO QUE FALTA POR CONOCER

El propio festival dejó una muestra de esa posibilidad. Durante cuatro horas, el Estero El Salado recibió a familias que participaron en talleres, recorridos, actividades de divulgación, teatro guiñol y pintacaritas, donde niñas y niños pudieron llevar en el rostro representaciones de la piel de un cocodrilo.

También participaron organizaciones civiles, dependencias municipales y estatales, instituciones académicas y especialistas dedicados a la conservación de flora y fauna.

La afluencia fue tal que desde temprano se observaron numerosos vehículos en el exterior del parque. Ante la falta de espacios suficientes de estacionamiento y con autorización de Tránsito Municipal, algunos automovilistas utilizaron la lateral de la avenida para dejar sus vehículos.

La escena también dejó en evidencia una paradoja: Puerto Vallarta cuenta con espacios naturales de gran valor ubicados prácticamente frente a la ciudad, pero que siguen siendo desconocidos para buena parte de sus propios habitantes.

EDUCAR PARA EVITAR EL MIEDO

El mensaje central del festival fue que conocer a los cocodrilos es una de las primeras condiciones para aprender a convivir con ellos.

En los últimos meses, los ataques y avistamientos registrados en Puerto Vallarta han provocado preocupación entre residentes y visitantes, pero también episodios de agresión contra los propios animales.

Por ello, la educación ambiental adquiere un papel que va más allá de las actividades escolares.

Se trata de que habitantes, turistas, prestadores de servicios y autoridades sepan identificar los sitios donde puede existir presencia de cocodrilos, respeten las distancias de seguridad y eviten alimentar, perseguir o intentar acercarse a los ejemplares.

La coexistencia tampoco significa minimizar un riesgo. Un cocodrilo sigue siendo un animal silvestre de gran tamaño y potencialmente peligroso. La responsabilidad está en evitar que la convivencia termine en encuentros innecesarios.

Así, el cocodrilo podría pasar de ser únicamente un animal asociado al temor a convertirse también en una especie emblemática de los humedales y ecosistemas costeros de la región.

Pero para que eso ocurra se requiere algo más que promoción. Se necesitan investigación, vigilancia, señalización, capacitación, protocolos de seguridad y, sobre todo, educación para evitar que el interés turístico termine generando nuevas situaciones de riesgo.

El primer Festival de los Cocodrilos dejó justamente esa discusión sobre la mesa: Puerto Vallarta no tiene que escoger entre turismo y conservación; necesita aprender a hacer compatibles ambos intereses sin poner en riesgo ni a las personas ni a la fauna.