Plaza de Toros La Paloma es demolida para dar paso a la "modernidad" y construir un edificio
La emblemática Plaza de Toros La Paloma, inaugurada en 1985 y escenario de corridas de toros, conciertos y espectáculos de todo tipo, comenzó a ser demolida ayer para dar paso a un desarrollo inmobiliario, cerrando un capítulo de la historia artística y del entretenimiento de Puerto Vallarta.

Por Osvaldo Granados
El ruido de la maquinaria sustituyó este jueves al bullicio de los aplausos, la música y las voces que durante décadas dieron vida a la Plaza de Toros La Paloma. Con el inicio formal de su demolición, Puerto Vallarta comenzó a despedirse de uno de sus espacios representativos, un recinto que no solo albergó espectáculos, sino también recuerdos, encuentros familiares y parte de la identidad de la ciudad.
Ubicada en una zona que con el paso del tiempo fue absorbida por el crecimiento urbano, La Paloma empezó a desaparecer físicamente para dar paso a un desarrollo de condominios, marcando un contraste inevitable entre la nostalgia del pasado y el empuje del presente inmobiliario.
UN RECINTO QUE NACIÓ PARA HACER HISTORIA
La Plaza de Toros La Paloma fue inaugurada en 1985, en una etapa en la que Puerto Vallarta aún conservaba una escala más humana y una vida comunitaria profundamente ligada a sus espacios públicos. Desde entonces, se convirtió en un punto de referencia para miles de vallartenses.
Si bien su vocación original estuvo ligada a la tauromaquia, con corridas y festivales que convocaban a turistas y público de toda la región, el recinto amplió con los años su vocación cultural y recibió conciertos y espectáculos de artistas de distintos géneros, desde figuras populares como Paquita la del Barrio hasta agrupaciones y exponentes de rock que llenaron de música, baile y celebración las gradas de la plaza.
DEL ESPLENDOR AL SILENCIO
Con el paso del tiempo, los cambios en el entretenimiento y la vida artística y cultural, tanto de turistas como locales, fueron apagando poco a poco la actividad del recinto ubicado en la esquina que forman las avenidas Politécnico y Francisco Medina Asencio en la colonia Educación.
Conforme se acercaba el fin del siglo pasado y comenzaba el actual, las funciones y espectáculos se volvieron esporádicos, las gradas quedaron vacías y la plaza terminó convertida en un símbolo de otra época.
Durante años permaneció como una estructura reconocible pero detenida en el tiempo, evocando recuerdos en quienes pasaban frente a ella y recordaban noches de fiesta, tardes de espectáculo y encuentros comunitarios.
UNA DESPEDIDA QUE INVITA A REFLEXIONAR
La demolición de La Paloma no solo representa la pérdida física de un inmueble, sino la desaparición de un espacio cargado de emociones, historias personales y vida social. Para muchos ciudadanos, este adiós deja una sensación de vacío y abre preguntas sobre el rumbo de la ciudad y la conservación de sus referentes urbanos.
Mientras el polvo y el escombro se hacen presentes, Puerto Vallarta cierra una página de su memoria urbana, consciente de que los edificios pueden caer y desaparecer, pero los recuerdos permanecen en quienes alguna vez llenaron de vida sus gradas.





